El tema de la puesta al día en cuanto a conocimientos para implementar y optimizar procesos en la materia ha sido debatido en varias ocasiones. En tal sentido esta página se ha constituido en una tribuna abierta para analizar estos y otros aspectos sobre la actividad que nos nuclea: la lombricultura. Al margen del empeño en actualizar los conocimientos tanto en lo científico como en lo tecnológico cotidiano parecieran inundarnos cada vez más refritos de información no “tamizada”, carente de respaldo institucional y/o idoneidad técnica o profesional, o peor aun, sin firma, de modo que cuando el texto llega a uno se desconocen los autores de un material sin fuentes, en algunos casos con evidente escamoteo del trabajo de terceros al que se le quita y agrega material, conformando un “mix” peligroso e indigerible que por ignorancia halla incluso aceptación a pesar de evidenciar lo superado para el área. El comentario precedente viene a resultas de haberme topado hoy con 2 engendros que encajan en lo dicho: un curso más que mediocre y un manual. Me vinieron a la memoria palabras de mi ya fallecido Director, el Dr. Raúl. A. Ringuelet, que se refería a las exigencias mínimas para escribir un texto “…tener una mesa grande para apoyar otros libros y separatas sobre el tema…” Lamentablemente nos encontramos a menudo con productos de mesa ratona o banquito. Pareciera que la web hasta permite prescindir del soporte y control C mediante generar productos perdibles, porque hasta para copiar hay que tener conocimientos para integrar lo copiado y separar la paja del trigo. Lo peor es que la información seria esta disponible y con solo buscarla se accede a ella. Para satisfacción del Coordinador de nuestro curso veo que nuevamente copiaron una de las imágenes de las lombrices (y van…) que obtuvo Daniel Ross y que todos los que visitan esta pagina conocen (claro que con el “buen tino” de sacar la inscripción de la base que muestra el origen). Si Venter y Reinecke ya en el año 88 establecieron fehacientemente cual es la fecundidad de nuestras lombrices (0 a 9) y lo ha confirmado todo aquel que ha trabajado con ellas, siguen apareciendo las consabidas 22 lombrices por cocón (hoy lo ví en una publicación del 2004), confundiendo un huevo con un cocón, Eisenia fetida como una Californiana hibrida, valores de siembra de los 70 y 80 y una pobreza en cuanto a estrategias de conducción de lombricultivos preocupante. Pensar que tanto en el mundo desarrollado como en nuestros países hay grupos de excelencia trabajando desde hace años en esta temática produciendo información seria respaldada por la práctica. En ese contexto preocupa como algunos minimizan el adecuado enlace entre la teoría y la práctica que requiere la adecuación eficiente de cualquier proceso y al cual la lombricultura no escapa. Cada tanto uno se encuentra con quien cree que el conocimiento de aspectos de la biología reproductiva carece de significación para la práctica de la actividad, cuando la realidad prueba lo contrario, condenando a quien no sigue los avances a despilfarros significativos en recursos (lombrices, instalaciones, otros) que asigna a su emprendimiento. No es “para la universidad tal cosa y para el campo otra”: importa que el conocimiento sea adecuado para aplicar en el campo. Un rol importante en tal sentido lo llevan acabo los organismos de extensión de universidades e institutos posibilitando que también quien no ha tenido una educación formal en cualquier nivel pueda beneficiarse y aplicar las mejores técnicas disponibles. Quienes llevan a cabo esa labor distan de ser teóricos de guardapolvo y por regla gral. se arremangan como cualquier campesino y con los mismos instrumentos. Saludos cordiales Miguel
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