Estimada Amiga:
Gusto en saludarte.
Te puedo aportar los siguientes antecedentes al respecto.
La planta de tomate, para expresar su potencial genético de producción y calidad, requiere de condiciones climáticas muy específicas durante las diferentes fases de su desarrollo. Requiere clima caluroso y es sensible a las heladas (ideal climas de 6 meses sin heladas, ´mínimo 4 meses sin heladas). En climas adversos, debe cultivarse en invernadero.
Alternancias bruscas de temperatura, ocasionan la pérdida de flor entre otros factores (como el brindar frutos arrugados o acostillados, muy común en el primer ramillete de floración, cuando la temperatura no es alta). Se han creado variedades resistentes a condiciones climáticas adversas de polinización abierta y muy en particular de híbridos.
En siembra de almácigos la temperatura óptima del suelo para germinación es de 25ºC (a los 6 días hay emergencia total). El número medio de días para emerger a 10ºC es de 43 y a 35ºC, 9 días. Sin embargo entre 10 y 25ºC la germinación es cercana al 100% de las semillas viables, más, existe una importante influencia (del genotipo) genética para este factor, es decir, hay variedades que tienen un rango de temperatura de germinación inferior al óptimo señalado. Para el crecimiento adecuado de las raíces, las temperaturas pueden variar entre 18 y 27ºC. Para la semilla, una vez sembrada, es de mayor importancia la aireación del suelo, ya que una compactación produce retraso de la germinación.
Una vez emergida la plántula, los requerimientos de temperatura son menores, al principio de su crecimiento requiere entre 14 y 16ºC, para luego incrementarse entre 15 y 23ºC (nocturna/diurna). Se supone que bajo los 10ºC (temperatura base), su crecimiento se detiene.
La temperatura ejerce un importante papel entre el estado de cotiledones y 2 hojas verdaderas (14ºC), produciendo tallos más gruesos, menor número de hojas antes del primer racimo floral, como también un mayor número de flores en el primer racimo floral.
La luminosidad interactúa con la temperatura, influyendo también en la aparición del primer racimo floral, a pesar que el fotoperíodo no es un factor inductivo de la floración (planta de día neutro), se requiere entre 1.000 y 3.000 bujías para un mejor desarrollo, con un mínimo de 8 horas.
Una vez trasplantado el tomate, las temperaturas más frecuentes requeridas son de 15 a 23ºC, siendo la máxima de 21ºC como óptima, manteniendo una diferencia de 6ºC entre día y noche.
Bajo condiciones climáticas adversas, se producen trastornos en la asimilación de los nutrientes, lo que determina desequilibrios, que pueden provocar, ausencia de flores, caída de flores, o una polinización deficiente.
La floración tiene lugar en etapas sucesivas, comenzando desde la base, los botones florales se forman en una amplia gama de condiciones climáticas, en cambio la fructificación es un rango más específico. La abscición o corte puede ocurrir durante o poco después de la antesis (floración o florescencia), determinando la caída de las flores. Este fenómeno tiene mayor incidencia en variedades de crecimiento indeterminado (híbridos de uso en invernaderos).
La fructificación de tomates está ligada a un moderado crecimiento vegetativo. Si las condiciones favorecen un crecimiento vegetativo rápido, los carbohidratos se utilizan en la formación de nuevos tejidos y la concentración de aquellos en la planta permanece baja, así, mientras la producción de flores es abundante, éstas caen sin alcanzar a fructificar.
Bajo condiciones extremas de alto nivel de nitrógeno, con bajo nivel de carbohidratos, como puede ocurrir cuando la luz es limitada o deficiente, aún la formación de botones florales puede no tener lugar.
Por otro lado, si las condiciones permiten un pequeño crecimiento vegetativo, los carbohidratos producidos por las hojas sobrepasan las necesidades para la formación de nuevos tejidos, así, los productos de la fotosíntesis se acumulan en la planta, se produce una alta concentración de carbohidratos y, nuevamente, las flores caen antes de fructificar.
Con frecuencia, riegos muy abundantes o fuertes fertilizantes, o combinación de ambos, se traducen en excesivo crecimiento vegetativo y en deficiente fructificación y caída de flores.
La caída de flores puede ocurrir aún cuando las condiciones de nutrientes son aptas para la fructificación, pueden caer en períodos calurosos y secos, más grave con suelos secos o temperaturas altas. Una relación directa existe entre entre humedad relativa del aire y la caída de flores. Los factores que conducen a una rápida transpiración dan como resultado un déficit de humedad en la planta, causando un desarrollo de la zona de abscisión.
Durante la floiración y formación de frutos, temperaturas extremas (bajo 10ºC y sobre 30ºC), producen aborto floral. La temperatura ideal de polinización es de 21ºC.
Como apreciarás, es un cultivo bastante delicado y exigente en cuanto a cuidados, temperaturas, fertilización y humedad, que debe realizarse de preferencia en verano.
Un abrazo cordial
Patricio